El feminicidio en Colombia, ¿Qué paso con la Ley 1761 de 2015?

Actualizado: abr 30


Cuando se acaba con la vida de una mujer por razones de género, no solamente se viola el derecho a la vida, también el de la dignidad humana, la igualdad, entre otros, es por esto que se hace imprescindible contar con herramientas e instrumentos para prevenir, sancionar y erradicar esa violencia sistematizada que por décadas y siglos ha segregado a la mujer, en una sociedad patriarcal.

Ahora, es importante precisar ¿Qué es un feminicidio? Pues bien, según definición de la Real Academia Española, esta se define como el asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia o como se definió en la Ley Rosa Elvira Cely en su artículo 2 que se encargó de modificar la Ley 599 de 2000 y adicionar el artículo 104A al Código Penal Colombiano, en el siguiente tenor: comete feminicidio quien causare la muerte a una mujer, por su condición de ser mujer o por motivos de su identidad de género.

Así que, este fue un gran paso que se dio en el ordenamiento legal colombiano pues con ocasión de la implementación de la Ley 1761 de 2015 se estableció un precedente importantísimo en la lucha por el reconocimiento y la visualización de la violencia contra la mujer como una tendencia sistematizada, que se convirtió en un problema social muy recurrente en Colombia y el resto de Latinoamérica, ya que con el reconocimiento del feminicidio como delito autónomo se logró enviar un mensaje contundente al victimario y dar el primer paso para erradicar cualquier oportunidad de impunidad, que al momento de sancionar y emitir sentencias condenatorias se pueda llegar a presentar, puesto que anterior a esta ley, los casos en los que se veía comprometida la vida de una mujer eran juzgados de igual forma que cuando se trataba de un hombre invisibilizando la situación de discriminación, dominación y violencia tanto física, como sexual y psicológica de la que han sido victimas las mujeres desde tiempos inmemoriales.


Ahora bien, es importante aclarar que no se trata de que aquellos casos en los que se acaba con la vida de una mujer sea más importante que en los casos en los que se trata de acabar con la vida de un hombres, sino que, desde siempre y a pesar de los instrumentos de protección de derechos humanos tanto internacionales como nacionales, la mujer sigue siendo violentada por el simple hecho de ser mujer, en el marco de una sociedad que mitiga, invisibiliza y tolera esa violencia, por eso se hacía fundamental que se evidenciara que había un patrón especifico de violencia contra la mujer por lo que era imprescindible implementar medidas de protección a tiempo y sancionar severamente porque esa tendencia violenta se convirtió en un problema social.


Pero ¿Qué paso luego de la implementación de la Ley 1761 de 2015? Pues como ya se mencionó esto significó un gran paso en el ordenamiento legal colombiano, pero lo cierto es que las cifras de violencia y muerte de mujeres en condiciones de discriminación y subordinación siguen siendo alarmantes y también en algunas casos se sigue presentando una revictimización de la misma victima por ahondar en circunstancias superficiales que obedecen a prejuicios y estereotipos ya marcados en la sociedad que llevan a culpar a la misma victima de su fatal desenlace, por situaciones como ¿en dónde estaba?,

¿ cómo se encontraba vestida?, entre otras circunstancias; por lo que se hace fundamental contar con jueces y operadores judiciales instruidos en un enfoque de perspectiva de genero que no desconozcan ninguna de las herramientas e instrumentos de protección a la mujer nacionales, como internacional, para que garanticen una igualdad sustantiva entre los individuos de ambos géneros.


Así mismo se hace fundamental que las autoridades y diferentes entidades estatales que se supone están para prevenir y salvaguardar la vida de las personas se comprometan realmente a cumplir y llevar a cabalidad las funciones que les fueron asignadas pues lo cierto es que en muchos casos en los que la mujer víctima de violencia acude a denunciar a su victimario, esta no recibe la atención que requiere, ni las medidas de protección que deberían brindarle por lo que el resultado final para la mujer es el fatal desenlace en el que el victimario termina por acabarle con su vida.


Finalmente, es importante precisar que la educación es uno de los factores fundamentales en el cambio de estos panoramas y se debe empezar por el hogar y la educación primaria, enseñándoles a nuestros hijos la importancia de la igualdad y el respeto de los derechos fundamentales de todos y cada y uno de los individuos, partiendo de la premisa que todos somos iguales y por consiguiente gozamos de los mismos derechos en igualdad de condiciones.


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